Seleccionar página

Radio Betania 26.03.2021 //Campanas// Desde la Catedral, el Arzobispo de Santa Cruz, Mons. Sergio Gualberti afirmó que las nuevas Consagradas “ORDO VIRGINUM”, están llamadas a imitar a la Virgen María, Madre de Dios, siendo servidoras del Señor.

Ana María Quiroz Núñez, Ana Paola Prada Robles, María Rosario Ramírez Castillo, Mery Guzmán Dávalos y Mirian Laura Añazgo Rueda, son las primeras cinco mujeres que, en nuestra Arquidiócesis, emitieron ante la comunidad sus propósitos de castidad perfecta y perpetua. Estas hermanas en la fe se han entregado a Dios de una manera definitiva y solemne en manos de su Obispo.

Este gran acontecimiento marca en la Arquidiócesis de Santa Cruz de la Sierra, el renacer de un carisma de la vida consagrada femenina, “ORDO VIRGINUM”.

La Celebración de consagración fue presidida por Mons. Sergio Gualberti y concelebrada por los Obispos Auxiliares, Mons. Braulio Sáez (Obispo Emérito), Mons. René Leigue, Mons. Jesús Galeote Tormo, Obispo del Vicariato Apostólico de Camiri, el Vicario General, P. Juan Crespo, P. Hugo Ara. Vicario de Comunicación y grupo nutrido de Sacerdotes, hoy 25 de marzo en la Solemnidad de la Anunciación del Señor a las 18:30 horas en la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir – Catedral.

Durante su homilía el prelado dijo: Nuestra Iglesia de Santa Cruz es bendecida con un evento eclesial de gran relevancia: las cinco hermanas, que acaban de ser presentadas a la comunidad, hacen su consagración virginal al Señor. Esta consagración tiene una raíces muy antiguas en la Iglesia, ya algunos pasajes del Nuevo Testamento atestiguan la presencia de mujeres en las comunidades apostólicas que, eligiendo el carisma de la virginidad, lo abrazaron como una condición estable de vida para ocuparse, con un corazón no dividido, de las cosas del Señor, el florecer de esa vocación, hizo que en breve tiempo se llegara a instituir en la Iglesia el “orden de las vírgenes”, a lado del orden de los presbíteros y él de los diáconos.

Así mismo aseguró que estas hermanas están llamadas a quedarse en su entorno familiar y social, y a participar activamente en la vida de la comunidad reunida en tormo al obispo, manifestando el carácter santo de la Iglesia, la Esposa purificada y santificada por el amor del Esposo, vigilante a la espera de su regreso glorioso y anticipadora del encuentro con Él.

La belleza de esta vocación contribuye a mostrar la belleza del Señor que transfigura, transforma la vida de tantas mujeres que lo experimentan todos los días. Ellas provienen de nuestra Iglesia Local, de nuestras familias y entorno; cada una de ellas, según su estado y profesión, consagra todo su ser para amar al Señor con mayor ardor y servir con más libertad a los hermanos, para la extensión del Reino de Dios imbuyendo las actividades humanas de espíritu cristiano.

María, desde ese primer momento, profesa la obediencia de la fe abandonándose por completo a la voluntad Dios; su sí le acompaña a lo largo de toda su vida y le da la fortaleza de superar los dolores y de acompañar a su hijo Jesús durante toda su vida en Nazaret, en su ministerio público y a los pies de la cruz.

También el arzobispo aseveró que Jesús y María han trazado a todos nosotros y en particular a ustedes queridas hijas, el camino para recibir el don de la gracia que salva: cumplir la voluntad de Dios, dando un sí sincero a Él, el Dios del amor y la vida.

Que toda su vida sea consecuente con la vocación y dignidad a las que han sido llamadas. La Iglesia las considera como porción bendecida del rebaño de Dios, llamadas a imitar a la Virgen María, Madre de Dios, siendo servidoras del Señor.

También Monseñor pidió a las consagradas que mantengan intactas su fe, conserven la firmeza de su esperanza, alimenten una sincera caridad. Alimenten con la Eucaristía sus corazones consagrados a Dios, mediten la Palabra de Dios, sean constantes en las obras de misericordia y en la oración, en particular recitando diariamente el Oficio divino, uniendo así sus voces a la del sacerdote y de la Iglesia alabando a Dios e intercediendo por la humanidad. Dedíquense a las cosas de Dios con una vida escondida con Cristo en Dios.

Compartir en: