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Radio Betania 14.09.2021 // Romer Reports// El Papa viajó hasta Prešov, en el Este de Eslovaquia, para celebrar la Divina Liturgia de San Juan Crisóstomo. Es el rito de la misa que celebran unos 7 millones y medio de católicos bizantinos en todo el mundo, en total comunión con el Papa. Más de 210.000 eslovacos pertenecen a la Iglesia greco-católica. Muchos de ellos recibieron al Papa en Prešov, en torno a 50 mil. Francisco presidió la ceremonia bajo los montes Tatra, frente a un estadio visitado por Juan Pablo II en 1995.

Francisco quiso celebrar con ellos una de las fiestas más significativas del rito bizantino, la de la Exaltación de la Santa Cruz.

Por eso, en la homilía, el Papa reflexionó sobre el papel de la cruz en la vida de los cristianos.

FRANCISCO

“Cuántas veces aspiramos a un cristianismo de vencedores, a un cristianismo triunfalista, relevante e importante, que reciba gloria y honor. Pero un cristianismo sin cruz es mundano y se vuelve estéril”. Francisco recordó que hay cruces en las casas de los cristianos, pero pidió redescubrir su profundo significado.

FRANCISCO

“Tenemos muchos crucifijos: en el cuello, en casa, en el coche, en el bolsillo. Pero no sirve de nada si no nos detenemos a mirar al Crucificado y no le abrimos el corazón, si no nos dejamos sorprender por sus llagas abiertas por nosotros. No reduzcamos la cruz a un objeto de devoción, mucho menos a un símbolo político”.

Durante la ceremonia, tomaron la comunión según el rito bizantino, en el que la especie del pan se lleva al cáliz y se ofrece en una cuchara.

Al final de la Divina Liturgia, el arzobispo metropolitano de Prešov, Ján Bajak, expresó el afecto de la Iglesia greco-católica por el Papa.

ARZ. JÁN BAJAK

Arzobispo Metropolitano de Prešov

“En la Iglesia greco-católica de Eslovaquia, el ‘Pedro de Roma’ es muy querido desde hace siglos. Rezamos por usted y por su labor apostólica en todo el mundo, fortaleciendo a nuestros hermanos en la fe”.

Como recuerdo, entregó al Papa un cuadro de la Virgen María. Francisco también le dio un cáliz, como suele hacer cuando celebra misa fuera del Vaticano.

El último gesto del Papa en esta ceremonia fue este: bendijo y coronó el icono de la Virgen y luego regresó a la sacristía con los demás obispos.

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