El arzobispo de Sucre y Primado de Bolivia falleció este 24 de septiembre en Oruro, donde participaba de las celebraciones por los 60 años de la Universidad Católica Boliviana. Su muerte enluta a la Iglesia y deja el recuerdo de un pastor cercano, con una palabra firme ante la realidad del país y una permanente invitación al diálogo.
Radio Betania. La noticia llegó en medio de una celebración. En Oruro, donde había viajado para acompañar los actos por los 60 años de la Universidad Católica Boliviana «San Pablo», falleció de manera repentina Mons. Ricardo Ernesto Centellas Guzmán, arzobispo de Sucre y Primado de Bolivia. Tenía 63 años.
Su partida, ocurrida a causa de un paro cardíaco, sorprendió a la Iglesia boliviana y a quienes compartieron con él aquellos últimos momentos. Sacerdotes, religiosas, laicos y autoridades recibieron con pesar la noticia de quien durante años había acompañado la vida de la Iglesia en Chuquisaca, Potosí y, desde su responsabilidad nacional, los desafíos del país.
La Conferencia Episcopal Boliviana comunicó su fallecimiento expresando su cercanía a la familia de Mons. Centellas y a la comunidad de Sucre, mientras la Arquidiócesis de Sucre lo despidió como a un pastor que “entregó su vida al servicio fiel del Señor”, dejando una huella especialmente entre quienes caminaron junto a él en Chuquisaca y Potosí.
“Se ha llevado a nuestro hermano”
La noticia encontró también a Mons. Jesús Juárez, arzobispo emérito de Sucre y antecesor de Mons. Centellas, participando en una ordenación sacerdotal. Allí compartió con la comunidad el impacto que le produjo conocer la muerte de quien había recibido de él la responsabilidad de conducir la Arquidiócesis de Sucre.
Con la espontaneidad propia de un momento inesperado, Mons. Juárez invitó a todos a poner en palabras aquello que la Iglesia proclama en cada Eucaristía: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. Ven, Señor Jesús”. Para el arzobispo emérito, la muerte de Mons. Centellas era también una ocasión para recordar que la vida y la muerte pertenecen a Dios. “Si vivimos, vivimos para el Señor; si morimos, morimos para el Señor”, expresó, motivando a vivir este momento desde la fe y no solamente desde el dolor.
Mons. Juárez habló de Mons. Centellas como “nuestro hermano” y puso su partida bajo la misma confianza que había acompañado su ministerio: la certeza de que los caminos de Dios no siempre coinciden con los caminos humanos. Desde allí invitó a continuar el camino pastoral, volviendo siempre a Jesucristo y recuperando “el primer amor” con el que cada sacerdote y servidor de la Iglesia comenzó su vocación.
Por su parte el obispo auxiliar emérito, monseñor Adolfo Bittschi, relató que Centellas comenzó a sentirse mal durante el almuerzo y manifestó su intención de descansar en la casa del vicario general de Oruro. Se trasladó hasta ese domicilio, pero su estado de salud se agravó repentinamente.
Ante esta situación fue trasladado a un hospital, donde recibió atención de varios médicos, entre ellos profesionales de la UCB de Sucre que se encontraban en el lugar. Los especialistas intentaron reanimarlo durante aproximadamente 45 minutos, pero no pudieron salvarle la vida.
“Así, a las tres de la tarde, la hora que nuestro Señor Jesucristo también ha muerto en la Cruz, ha entregado su vida a nuestro Creador y Padre, Dios. Y pedimos ahora a todos ustedes que recen por el descanso eterno de nuestro querido arzobispo Ricardo Centellas”, señaló Bittschi.
De Camargo a Sucre, una vida entregada a la Iglesia
Ricardo Ernesto Centellas Guzmán nació el 7 de noviembre de 1962 en Chuquisaca, en la provincia Nor Cinti. Realizó sus estudios escolares en Caiza, Potosí, y posteriormente ingresó al Seminario San Cristóbal de Sucre. Entre 1983 y 1988 cursó Filosofía y Teología en el Seminario San José de Cochabamba.
Fue ordenado sacerdote el 11 de agosto de 1988 en Camargo. Sus primeros años de ministerio estuvieron vinculados a la vida parroquial y a la formación de futuros sacerdotes. Fue vicario parroquial de San Juan Bautista de Padilla y, posteriormente, rector del Seminario San Cristóbal de Sucre, responsabilidad que ejerció entre 1996 y 2003. Entre 1991 y 1993 amplió su formación en Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana. Desde mayo de 1998 ejerció también como vicario general de la Arquidiócesis de Sucre.
Su camino episcopal comenzó en 2005, cuando el Papa Benedicto XVI lo nombró obispo auxiliar de Potosí. Recibió la ordenación episcopal el 15 de septiembre de ese año y en 2009 asumió como obispo titular de esa diócesis. En febrero de 2020, el Papa Francisco lo nombró arzobispo de Sucre. Un año después recibió el título de Arzobispo Primado de Bolivia, vinculado a la sede metropolitana de Sucre.
Al servicio de la Iglesia en Bolivia y el continente
Su servicio también trascendió la Iglesia particular. Presidió la Conferencia Episcopal Boliviana entre 2015 y 2021 y fue vicepresidente de esta institución entre 2021 y 2023.
También formó parte del Consejo del Centro para las Comunicaciones del Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño, aportando desde Bolivia a los espacios de reflexión y servicio comunicacional de la Iglesia en América Latina y el Caribe.
En noviembre de 2024 fue nombrado Gran Canciller de la Universidad Católica Boliviana «San Pablo», institución a la que acompañó hasta sus últimos días. Precisamente en Oruro se encontraba participando de las celebraciones por los 60 años de la Universidad cuando ocurrió su fallecimiento.
Voz que buscaba caminos en medio de los conflictos
Quienes siguieron sus intervenciones públicas recuerdan a un obispo que no permaneció al margen de la realidad nacional. Mons. Centellas habló en distintos momentos sobre la situación política y social de Bolivia y llamó a encontrar salidas mediante el diálogo.
Durante el bloqueo que se extendió por 53 días, reclamó la necesidad de recuperar el orden y encontrar caminos que permitieran superar la confrontación. En el Te Deum celebrado el pasado 6 de agosto volvió a poner sobre la mesa la necesidad de cambios estructurales y de una participación activa de la ciudadanía.
Su palabra pública estuvo llena de preocupación constante por el país. Desde la responsabilidad episcopal, buscó participar en los momentos difíciles de Bolivia con una mirada pastoral, insistiendo en la necesidad de que los distintos sectores pudieran encontrarse y buscar respuestas a los problemas que afectan a la población.
El pastor que deja una casa abierta
La Arquidiócesis de Sucre recibirá este viernes 25 de septiembre los restos de su pastor. La feligresía se concentrará desde las 15:00 en la plazuela Aniceto Arce, desde donde acompañará el traslado hasta la Catedral Metropolitana. La capilla ardiente permanecerá abierta desde el sábado hasta el lunes, de 8:00 a 21:00, para que sacerdotes, religiosas, autoridades y fieles puedan acercarse a orar y despedirlo. La Misa de Exequias se celebrará el martes 29 de septiembre, a las 10:00, en la Catedral Metropolitana de Sucre. Posteriormente, sus restos serán sepultados en el templo.
En medio de la tristeza, queda también la memoria de un hombre que hizo de su ministerio un largo camino de servicio. De Camargo a Potosí, de Potosí a Sucre, y desde allí a la responsabilidad de acompañar a la Iglesia boliviana y participar en espacios de servicio continental, Mons. Ricardo Centellas dejó una historia de formación, cercanía pastoral y preocupación por la vida del país.
Su antecesor, Mons. Jesús Juárez, dejó una clave para despedir a quien fuera su sucesor: volver a Jesucristo y mantener vivo aquel primer amor que un día llevó a tantos hombres y mujeres a entregar su vida al servicio. “Ven, Señor Jesús”, repitió la comunidad junto a él. Y en esa oración, la Iglesia boliviana despide hoy a su pastor.


