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Radio Betania 13.12.2021 ¿Sabes qué frase le repitió el padre de Charles Dickens a su hijo durante toda su vida?: «Ningún hombre se puede considerar inútil si aligera la carga de otros». Sólo con aligerar la vida de los que nos rodean, ya nos iremos de este mundo dejándolo un poquito mejor de lo que lo hemos encontrado.

Y no hace falta que realicemos gestas épicas dignas de estar en los libros de la Edad Media, no hay que matar dragones, ni liberar espadas incrustadas en piedra. Basta con pequeños gestos insignificantes, aparentemente irrelevantes, invisibles, que cambian, aligeran el segundo, el día, la vida, la carga de una persona (las cargas que tú puedas aligerar y no lo hagas, es muy probable que no las pueda aligerar nadie; no abandones este mundo sin haber dejado todas las muescas de amor posibles). Como una sonrisa; una llamada antes de que acabe el día; un café que sabe a desahogo, y que termina con un problema que pagamos a medias, porque no te voy a dejar solo; una mirada reconfortante; una foto de whatsapp porque quiero recordarte que, aunque nos separen miles de kilómetros, me tienes en guardia. Y, why not?una felicitación navideña.

RĘCZNIE PISANE KARTKI ŚWIĄTECZNE
                                   Escribir una felicitación a alguien puede cambiarle el día… o la vida.

Navidad es un tiempo cargado de opciones para dejar este mundo un poquito mejor. Es un tiempo, el único tiempo del año, en el que todos nos giramos (mucho o poco) a contemplar el escaparate de lo bueno, la verdad y la belleza. Un escaparate que pone de moda eso que tanto reconocía el padre de Charles Dickens: “Aligerar las cargas de los demás».

Una de esas opciones, a la que me quiero referir en este artículo, es la de las felicitaciones navideñas. Tradición que hoy en día es una especie en extinción, ya que son pocas, muy pocas, las felicitaciones que encontraremos en nuestro buzón. Cada vez que aparece una, resuenan unos silenciosos cascabeles de ilusión, que jamás, jamás, jamás, conseguirá despertar una felicitación por whatsapp. Estoy segura de que, en esto, estarás de acuerdo conmigo.

Unas palabras, de puño y letra, consiguen descender a lo más profundo de nuestros sentimientos de una forma que parece completamente inaccesible a la voz y al whatsapp. Por eso, cuando te llega a casa una felicitación navideña, es que alguien necesita el color indeleble de la tinta para decirte: gracias, perdón, te quiero en mi vida. Y…, que suene a eternidad (en esta categoría no entran las felicitaciones navideñas comerciales, aunque la firma parezca auténtica).

Cuando te llega a casa una felicitación navideña, es que alguien necesita el color indeleble de la tinta para decirte: gracias, perdón, te quiero en mi vida.

Así que no quiero pasar ni un día más sin utilizar esta herramienta navideña, y que una persona se sienta querida y, yo, un poco menos inútil, al más puro estilo dickensiano.

Una caricia metida en un sobre

Sí, ya sé que son muchos los conocidos de la niñez, de los veranos, de la universidad, padres del colegio, etc. Una lista tan grande que te hace renunciar a esta tarea. Es la misma sensación que me embriaga a mí cuando pienso en poner orden en el trastero. Pero lo óptimo es enemigo de lo bueno. Elige un número asequible: 10, 15, 20 ó 3 personas, a las que quieras mandar una caricia metida en un sobre. A esas en las que sé que estás pensando ahora mismo. A esa a la que quieres aligerar el camino. Quizá quieres invertir esa pequeña cantidad de tinta en alguien a quien no ves desde hace muchos, muchos años, o, tal vez, quieres dedicarle unas letras de amor lento a alguien con quien convives todos los días. Sea como sea, no renuncies: deja tu muesca de amor estas Navidades.

Fuente: Aleteia