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Radio Betania 30.03.2021 //Campanas//. Dijeron SÍ a Dios y a la Iglesia. El Clero renovó sus promesas sacerdotales en la Misa Crismal. Monseñor Sergio les pidió a los Sacerdotes de Santa Cruz: “Sean servidores sencillos y humildes que anuncian la alegría del Evangelio y denuncian toda clase de injusticias”

Este año por las restricciones sanitarias por la pandemia del Covid – 19, la Misa Crismal no se celebró en el atrio de la Catedral Metropolitana, se realizó dentro del templo a puertas cerradas, sólo el Arzobispos, los Obispo Auxiliares, los  sacerdotes, representantes de la Vida Consagrada, Laicos, Diáconos y Seminaristas, respetando y cumpliendo con todas las medidas de Bioseguridad.

Esta es una celebración muy emotiva porque el Clero en pleno renovó sus promesas Sacerdotales del día de su ordenación y lo hacen delante de su Pastor. También el Arzobispo consagró el Santo Crisma con el que serán ungidos los bautizados, confirmados, los ordenados para el ministerio sacerdotal y con el que también se consagrarán altares e iglesias. El Obispo bendijo además los óleos con los que se ungirá a enfermos y catecúmenos.

Al iniciar su Homilía el Arzobispo dio la bienvenida y agradeció  a todos los Sacerdotes que participaron en la  celebración de la Misa Crismal. Así mismo resaltó que por la pandemia este  martes Santo, impidió realizar el retiro sacerdotal, pero gracias a Dios pueden celebrar la Misa Crismal entre todos los sacerdotes. Aun así, el misterio de la Comunión de los Santos, que se expresa en toda su plenitud en la Eucaristía, nos asegura que en Cristo están realmente presentes los ausentes, los lejanos y los que han partido definitivamente a la casa del Padre, dijo Monseñor.

También se vivió un momento especial cuando el prelado recordó a todos los sacerdotes, víctimas del coronavirus o de otras enfermedades. De la misma elevó su oración para que el Dios de la vida  reciba en su gloria como siervos buenos y fieles a nuestros hermanos: Padres Simón Gutiérrez, Jorge Robles, Luis Rojas, Ignacio Roca, Estanislao Wzorkz, Milton Sulzbacher, Walter Neuwirth, Eusebio Picher, Mauricio Bacardit, Cayetano Reck, Pedro Toledo, José Luis Vargas, Juan Sandoval y el Diac. Rolando Mocobono.

Así también expresó su gratitud a los sacerdotes ancianos o enfermos que los acompañaron con su oración. Igualmente pidió al Señor que ilumine y confirme en su vocación a los sacerdotes que viven situaciones difíciles y a los que sufren por las incomprensiones que conlleva el ejercicio del ministerio.

El prelado resaltó que la Misa Crismal, es la gracia que les ofrece el Señor para revivir el momento inolvidable, los signos y las palabras de su ordenación Sacerdotal.

Así mismo el Arzobispo destacó que otro signo fundante de la ordenación, es la unción de las manos con el sacro crisma, señal de la acción fortificante del Espíritu Santo. Nuestras manos, unidas a las manos de Dios, son el instrumento de su acción transformadora y santificadora del mundo, para que todos los hombres, en especial los pobres, los desvalidos y los descartados de la sociedad, sientan su cercanía y el consuelo de su toque divino.

Mons. Gualberti aseguró  que la misión de Jesús es también la misión de los sacerdotes, como servidores sencillos y humilde de la palabra profética, que anuncia la alegría del Evangelio y denuncia toda clase de injusticias y discriminaciones en una sociedad que se rige por la lógica del poder y del tener, esclava de los ídolos del materialismo y consumismo, y sobre cuyos altares se sacrifican víctimas humanas, la naturaleza y el medio ambiente.

También el prelado  invitó a los sacerdotes a  ser: servidores de la esperanza, en un mundo relativista que causa desconcierto y temor, anunciando y testimoniando a Cristo, Él único que sacia la sed de felicidad, verdad y libertad, innato en el ser humano, aunque no lo manifiesta y pareciera indiferente.

Ser amigo de Jesús implica ser hombre de oración y del encuentro personal con él. El mismo Jesús, a lo largo de su ministerio público, a menudo y durante noches enteras se retiraba “al monte” para orar a solas con el Padre.

Al concluir su homilía el Arzobispo dijo a los Sacerdotes que el   desafío es grande, agudizado por la situación actual de crisis general causada por la pandemia y por el clima político crispado y conflictivo en nuestro país. Pidamos a Cristo Sumo y Eterno sacerdote que renueve cada día en nosotros la alegría y el entusiasmo del don del sacerdocio y le abramos camino a la escucha de la Buena Noticia que Él vuelve a proclamar esta mañana: “Hoy se ha cumplido este pasaje de la Escritura que acaban de oír”.

 

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