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Radio Betania 26.04.2022 De manos del Arzobispo de la Arquidiócesis de Santa Cruz, Mons. René Leigue Cesari, el sábado 23 de abril, recibió la Ordenación como Diácono Permanente, el Dr. Mario Adolfo Flores Canedo. La misa de ordenación se celebró en la Parroquia San Pedro Apóstol, a horas 19:00, y fue concelebrada por el Administrador Parroquial de esta comunidad parroquial, P. Renzo Rondo, el Rector del Seminario Mayor San Lorenzo, P. Ezequiel Pérez, el P. Juan Pablo Moreno y el P. Rolando Paravá Flores, formador del Seminario. También acompañaron, sacerdotes diocesanos, Sacerdotes Identes, sus hermanos en el diaconado, seminaristas, su familia y un gran número de fieles de la Comunidad parroquial de San Pedro Apóstol.

Mario Adolfo Flores nació un 27 de diciembre de 1962 en la ciudad de Cochabamba, tiene 59 años, de los cuales 35 vive en Santa Cruz de la Sierra. Es médico de profesión, aunque ahora no lo ejerce, está casado con la Sra. Desanka del Rosario Galetovic de Flores, tiene dos hijos: Bruno Marcelo y Yerko Danilo.

Mario Adolfo es Consejero Familiar junto con su esposa en la Parroquia San Pedro Apóstol y también participan activamente en las Caritas Parroquial de esta comunidad. Mario afirma sentirse feliz y agradecido con Dios por el llamado al servicio con el diaconado permanente, así mismo agradece a su familia por el apoyo incondicional que siempre le han brindado. Él se siente muy bendecido con la hermosa familia que Dios le ha regalado.

Durante su homilía Monseñor René  afirmó que, este es un paso muy importante que da Mario Adolfo, él esperaba con muchas ansias este momento, estamos en este tiempo de la octava de pascua, y la primera lectura nos dice: que las autoridades estaban asombradas de cómo se expresaba Pedro y Juan, ya que sabiendo que estas personas eran de poca cultura, pero estaban admirados de cómo ellos se expresaban. Reconocieron en ellos lo que había pasado con Jesús y es así que entre las autoridades decían, que ha pasado con estos hombres, hablan muy bien, ¿qué hacemos con ellos?, entre ellos dialogan y toman la decisión de  prohibirles que hablen de Jesús, y todavía continúa  esto, lo vivimos en la Semana Santa. Después de la resurrección estas autoridades querían callar a aquellos que hablaban de Jesús, sin embargo Pedro y Juan no se callaron y dijeron: preferimos anunciar al Resucitado, y esta es la misión de aquel que cree en Dios, y cuanto más de un Diácono, dijo Monseñor René.

El prelado dijo al Diácono Mario, que la misión que él tiene, es la de anunciar la Buena Noticia, y en ese camino se va encontrar con muchas dificultades, va encontrar personas que lo quieran callar, que no hable de Dios, pero él tiene que tener la valentía de seguir anunciando  y proclamando a Corsito Resucitado.

Así también Mons. Leigue le pidió a Mario Adolfo que, como hombre de fe, nunca se calle y que siempre Dios sea el centro de su vida y su ministerio diaconal. Es la palabra de Dios la que te va guiar, y te dará la fortaleza para seguir adelante, dijo el Monseñor.

De la misma manera el Arzobispo de Santa Cruz pidió al Diácono Mario Adolfo Flores Canedo, ser un signo de unidad en la Comunidad parroquial. Así también lo exhortó a trabajar y fortalecer las Cáritas parroquiales  

Al finalizar la celebración el Arzobispo agradeció el apoyo y la presencia de la familia del nuevo Diácono Permanente,  así mismo les pidió que continúen apoyándolo en esta nueva misión que el Señor le ha encomendado, el apoyo de la familia es fundamental en este caminar de Iglesia, dijo el prelado. VIDEO

GALERÍA FOTOGRÁFICA

 

El Diácono Permanente está llamado a servir en la palabra, en la liturgia y en la caridad, el Señor lo ha llamado para cumplir esta misión.

Para Saber….

  • Con la Ordenación de Mario Adolfo Flores Canedo, la Iglesia cruceña tiene  17 Diáconos Permanentes.
  • Como Diácono Permanente, Mario Adolfo será servidor de la Palabra, del altar y de los pobres de nuestra Iglesia.

¿Qué es un diácono permanente?

El ministerio eclesiástico, que es el ministerio de los hombres dedicados al servicio de Dios, comprende tres grados diversos del sacramento del orden sacerdotal: los obispos, los sacerdotes y los diáconos. Dos de estos grados participan ministerialmente del sacerdocio de Cristo: el orden episcopal, correspondiente a los obispos y el orden del presbiterado, correspondiente a los presbíteros o sacerdotes. El orden del diaconado, según lo afirma el Catecismo de la iglesia Católica en el número 1554 está destinado a ayudar y a servir a los obispos y a los presbíteros. Por eso, el término “sacerdote” designa en el uso de nuestros días a los obispos y a los presbíteros, pero no a los diáconos.

Sin embargo, la doctrina católica establece que el grado de diaconado es un grado de servicio, que viene establecido desde el tiempo de los apóstoles, como lo atestiguan los Hechos de los apóstoles y la Carta de san Pablo a Timoteo.

“Por aquellos días, al multiplicarse los discípulos, hubo quejas de los helenistas contra los hebreos, porque sus viudas eran desatendidas en la asistencia cotidiana. Los Doce convocaron la asamblea de los discípulos y dijeron: “No parece bien que nosotros abandonemos la Palabra de Dios por servir las mesas. Por tanto, hermanos, buscad de entre vosotros a siete hombres, de buena fama, llenos de Espíritu y de sabiduría, y los pondremos al frente de este cargo, mientras que nosotros nos dedicaremos a la oración y al ministerio de la Palabra”. Pareció bien la propuesta a toda la asamblea y escogieron a Esteban, hombre lleno de fe y de Espíritu Santo, A Nicanor, a Timón, a Pármenas y a Nicolás, prosélito de Antioquia; los presentaron a los apóstoles y, habiendo hecho oración, les impusieron las manos.” (Hch. 6, 1-6).

“También los diáconos deben ser dignos, sin doblez, no dados a beber mucho vino ni a negocios sucios, que guarden el Misterio de la fe con una conciencia pura. Primero se les someterá a prueba y después, si fuesen irreprensibles, serán diáconos.” (1 Tim. 3, 8-11).

Diakonía es la palabra griega que fijará la función de los diáconos Esta palabra significa servicio, y es de tanta importancia para la Iglesia que se confiere por un acto sacramental llamado “ordenación”, es decir, por el sacramento del orden.

San Ignacio de Antioquia fijó la importancia de los diáconos, con estas bellas palabras: “Que todos reverencien a los diáconos como a Jesucristo, como también al obispo que es imagen del Padre, y a los presbíteros como al senado de Dios y como a la asamblea de los apóstoles: sin ellos no se puede hablar de Iglesia (San Ignacio de Antioquia, Trall. 3, 1).

¿Qué servicio prestan a la Iglesia?

Hemos hablado mucho hasta ahora de servicio, ¿pero cuál es el servicio que prestan los diáconos a la Iglesia? “Corresponde a los diáconos, entre otras cosas, asistir al obispo y a los presbíteros en la celebración de los divinos misterios sobre todo de la Eucaristía y en la distribución de la misma, asistir a la celebración del matrimonio y bendecirlo, proclamar el Evangelio y predicar, presidir las exequias y entregarse a los diversos servicios de la caridad (Catecismo de la Iglesia Católica, 1570).

Entendido de esta manera, el diaconado no es solamente un paso intermedio hacia el sacerdocio, sino que ofrece a la Iglesia la posibilidad de contar con una persona de gran ayuda para las labores pastorales y ministeriales.

Un diácono puede bautizar, bendecir matrimonios, asistir a los enfermos con el viático, celebrar la liturgia de la Palabra, predicar, evangelizar y catequizar.

No puede, a diferencia del sacerdote, celebrar el sacramento de la Eucaristía (misa), confesar o administrar el sacramento de la unción de los enfermos.

Con todo lo que puede hacer, su ayuda es invaluable, especialmente en nuestros tiempos en que hacen falta tantas personas que ayuden al sacerdote en todas las labores encomendadas.

Como en el caso de los sacerdotes, sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación para acceder al diaconado. Y esto es así, porque Jesús eligió a hombre (viri en latín) para formar el colegio de los doce apóstoles.

¿En qué se diferencia el diácono del sacerdote?

Sin embargo hay una diferencia muy importante entre los diáconos y los sacerdotes. Mientras que los sacerdotes ordenados de la Iglesia latina, son ordinariamente elegidos entre hombres creyentes que viven como célibes, es decir que no se han casado, y que tienen la voluntad de guardar el celibato por el Reino de los Cielos, el diaconado puede ser conferido a hombres casados.

Este “diaconado permanente” constituye un enriquecimiento importante para la misión de la Iglesia.

Desde el Concilio Vaticano II, la Iglesia latina ha restablecido el diaconado como un grado particular dentro de la jerarquía, mientras que las Iglesias de Oriente lo habían mantenido siempre.

De esta forma, los hombres casados que se dedican a ayudar a la Iglesia a través de la vida litúrgica, pastoral o en las obras sociales y caritativas pueden fortalecerse recibiendo el orden del diaconado y se unen más estrechamente al altar para cumplir con mayor eficacia su ministerio por medio de la gracia sacramental del diaconado.

De esta forma, la Iglesia católica, a semejanza de la parábola del hombre que de su tesoro saca lo nuevo y lo viejo, siempre está ofreciendo formas nuevas y atractivas en su labor de ayuda a todos los hombres. Artículo escrito por Germán Sánchez Griese

Fuente: https://campanas.iglesiasantacruz.org/